Buena pregunta para empezar este nuevo experimento personal...
No, la frase no es mía, ya me hubiera gustado a mí.
Es de Anna Gavalda, la autora francesa del último libro que me he leido, titulado "Juntos, nada más"
En cuanto la leí me la quedé para mí...y empecé a hacerme preguntas, ¿de qué sirven las emociones si no se pueden compartir?
Pensé, vaya, cuanta razón, las emociones hay que compartirlas... y pensé en algunas situaciones donde ese compartir es imprescindible.
Supongamos que eres una niña, una niña pequeña de 3 años y te estás comiendo un helado de chocolate. Y pasa por tu lado un niño que no tiene helado, y tú claro...de lo rico que está le dices mira que helado tengo,está uhmmm buenisimo.
Ahora eres un niño, un niño de 12 años, perdidamente enamorado de su profesora de lengua española. Que nervios si te saca a la pizarra, a recitar versos de Quevedo, y si no me acuerdo bien? Pero esta emocion no la va a compartir con nadie,bueno consigo mismo sí. Y cuando sea mayor optará por el mismo camino, mis cosas para mí. Mis sentimientos mios y solo mios.
Otra situacion muy emotiva es la que vive una chica de 31 años que acaba de dar a luz.
Esta experimentando una de las emociones más fuertes de su vida, el momento en el que va a conocer a esa personita tan especial, y lo comparte a solas con ella, no hay nadie más en esa habitación. Luego ya llegará el padre, ya le dará un beso...y todo eso, pero ese momento mágico ya no se lo quita nadie.
Cuanto más se vive, mas emociones se guardan. Y cada uno tenemos nuestro baul de las emociones, esa especie de fichero y disco duro interno que podemos consultar cuando nos apetece.
Ultimamente he tenido emociones que no he compartido. Me las he guardado para mi, o las he archivado directas al disco duro. Han sido buenas, pero por circunstancias no las expresé como me hubiera gustado, asi que hoy voy a ser un poco como la niña del helado de chocolate, descarada y divertida, porque un helado de chocolate asi no se come todos los dias :)